La belleza auténtica y el pensar son dos conceptos pasados de moda, a juicio de algunos especialistas en marketing de la televisión chilena. No es raro por lo tanto, que un espacio en el que ambos términos confluyan haya estado a punto de ser eliminado de la parrilla programática dejando a sus numerosos seguidores con un gusto amargo.
Cada vez es más difícil percibir en los programas de la pantalla chica cualquier atisbo de belleza real y menos aún de pensamientos profundos. En un mundo plagado de silicona, frases clisé, escenas y lenguajes burdos, todo aquello que tenga relación con una expresión más fina de las ideas o de las imágenes resulta ajeno y hay que descartarlo.
Mientras a nivel oficial se hace un esfuerzo por difundir el arte y se inauguran grandes recintos, especialmente creados para exposiciones de valor internacional, en el ámbito privado de la televisión se retira todo aquello que puede subir de alguna manera la cultura nacional. Al parecer se olvida que el progreso del país no sólo requiere de tratados de libre comercio sino también de una cultura que permita hablar de igual a igual con los socios europeos o de otros países desarrollados. Lo único que importa hoy es don dinero, que por algo se considera un poderoso caballero, pero la fórmula parece equivocada.
La excusa más frecuente para mantener programaciones de mala calidad es el rating o en el caso de la radio, la sintonía. Curiosamente, en ese mismo instante y país, cunden hoy las orquestas juveniles que interpretan música clásica en ciudades y pueblos y los museos se llenan de visitantes, cada vez que hay una buena exposición.
¿Qué pasa ? ¿Falla la medición de los programas, los especialistas carecen de sensibilidad artística o están formados en la ya pretérita convicción de que lo cultural no vende?
Chile ha cambiado mucho en los últimos años y sería conveniente una renovación de los conceptos que se manejan en publicidad. Las viejas creencias de lo que sucede en el país lleva a errores. Es bueno recordar que basándose en éstas, hace sólo cinco años, una gran mayoría creía imposible que una mujer fuera Presidente de la República.
lunes, marzo 27, 2006
jueves, marzo 23, 2006
La teoría de la relativa-edad
En las noticias aparecidas en los últimos días llama la atención cómo la ciudadanía solicita a un ex presidente, Ricardo Lagos, de 68 años, que regrese a asumir sus funciones el 2010. Si quienes contratan personal y excluyen a los mayores de 35 años de cualquier trabajo, observaran este fenómeno, talvez se detendrían a repensar el tema.
El éxito que muchos reconocen en la gestión de un adulto mayor como Lagos o de un Andrés Zaldivar, recién nombrado Ministro del Interior o de los Papas, elegidos, normalmente, entre personas de edad más avanzada, contrasta con las normas de aceptación que determinan los jefes de personal o de cualquier otro mando medio, para cargos de mucho menor complejidad e importancia. Quizás porque por pertenecer a un grupo etario que recién comienza su vida, aún no alcanzan a tener la suficiente sabiduría y capacidad intelectual para reconocer estas cualidades en otros que sí las tienen. Por eso, simplemente,los descartan.
Las posibilidades de obtener una plaza laboral disminuye a medida que pasa el tiempo y resulta casi imposible que un adulto mayor, por experimentado y capaz que sea, tenga acceso a actividades remuneradas que les permitan desarrollar sus talentos en forma estable. Curiosamente, este grupo etario tiene grandes ventajas sobre los jóvenes. Entre ellas que cuenta con el tiempo y el deseo de dedicarse por entero a ejercer su labor, sin distracciones ni responsabilidades ajenas a lo laboral.
Pasados los sesenta años,las mujeres no se embarazan, los hijos ya son independientes y no requieren de su cuidado. Hombres y mujeres tienen una vida personal y familiar estable, sin muchas otras actividades que los aparten del ejercicio de su profesión u oficio. Además, poseen mayor experiencia, sabiduría y calificación que las personas muy jóvenes o de edad media. La vida les ha enseñado a tomar decisiones y a ejercer con mayor destreza las habilidades, adquiridas y perfeccionadas durante años. Como si esto fuera poco, no exigen un cargo de planta porque la mayoría ya cuenta con una pequeña jubilación.
Pese a todas estas ventajas los adultos mayores que desean o necesitan trabajar son excluidos sistemáticamente de cualquier posibilidad de contratación permanente o a honorarios.
¿Cómo es posible que con ejemplos tan evidentes como los antes señalados se siga discriminando de los trabajos a las personas mayores que los desean o necesitan? ¿Por qué se les condena a la inactividad y, en muchos casos, a la pobreza eterna? No todos pueden o quieren dedicarse a hacer turismo y actividades recreativas como les indica la sociedad.
Si no se adoptan medidas al respecto, muy pronto los jóvenes que determinan las políticas de contratación de hoy ya no lo serán tanto y caerán en su propia trampa. Además, los que aún ejerzan un trabajo tendrán que hacer un gran esfuerzo para mantener a una población de tercera edad creciente, a la cual no se le permite autofinanciarse.
El éxito que muchos reconocen en la gestión de un adulto mayor como Lagos o de un Andrés Zaldivar, recién nombrado Ministro del Interior o de los Papas, elegidos, normalmente, entre personas de edad más avanzada, contrasta con las normas de aceptación que determinan los jefes de personal o de cualquier otro mando medio, para cargos de mucho menor complejidad e importancia. Quizás porque por pertenecer a un grupo etario que recién comienza su vida, aún no alcanzan a tener la suficiente sabiduría y capacidad intelectual para reconocer estas cualidades en otros que sí las tienen. Por eso, simplemente,los descartan.
Las posibilidades de obtener una plaza laboral disminuye a medida que pasa el tiempo y resulta casi imposible que un adulto mayor, por experimentado y capaz que sea, tenga acceso a actividades remuneradas que les permitan desarrollar sus talentos en forma estable. Curiosamente, este grupo etario tiene grandes ventajas sobre los jóvenes. Entre ellas que cuenta con el tiempo y el deseo de dedicarse por entero a ejercer su labor, sin distracciones ni responsabilidades ajenas a lo laboral.
Pasados los sesenta años,las mujeres no se embarazan, los hijos ya son independientes y no requieren de su cuidado. Hombres y mujeres tienen una vida personal y familiar estable, sin muchas otras actividades que los aparten del ejercicio de su profesión u oficio. Además, poseen mayor experiencia, sabiduría y calificación que las personas muy jóvenes o de edad media. La vida les ha enseñado a tomar decisiones y a ejercer con mayor destreza las habilidades, adquiridas y perfeccionadas durante años. Como si esto fuera poco, no exigen un cargo de planta porque la mayoría ya cuenta con una pequeña jubilación.
Pese a todas estas ventajas los adultos mayores que desean o necesitan trabajar son excluidos sistemáticamente de cualquier posibilidad de contratación permanente o a honorarios.
¿Cómo es posible que con ejemplos tan evidentes como los antes señalados se siga discriminando de los trabajos a las personas mayores que los desean o necesitan? ¿Por qué se les condena a la inactividad y, en muchos casos, a la pobreza eterna? No todos pueden o quieren dedicarse a hacer turismo y actividades recreativas como les indica la sociedad.
Si no se adoptan medidas al respecto, muy pronto los jóvenes que determinan las políticas de contratación de hoy ya no lo serán tanto y caerán en su propia trampa. Además, los que aún ejerzan un trabajo tendrán que hacer un gran esfuerzo para mantener a una población de tercera edad creciente, a la cual no se le permite autofinanciarse.
domingo, marzo 12, 2006
Prensa amarilla y salud mental
Muchos profesores siguen enseñando en las escuelas de Periodismo que los acontecimientos positivos no son noticia. Tal vez esa sea una de las razones por las que en los medios informativos sólo se dan a conocer los sucesos negativos que nos amargan la vida. Y cuánto más impacte una tragedia o se explote la morbosidad de la minoría, mejor se siente el editor.Como decía un viejo reportero de una región en la que trabajé: "Los hechos son noticia de dos muertos para arriba".
La teoría de la prensa negra, por no decir amarilla, me recuerda la forma de pensar de algunos educadores de otros tiempos. Tiene cierta similitud con muy antiguas corrientes formativas que permitían el regocijo de mentalidades autoritarias y gozadoras del sufrimiento ajeno. Aquellas que aplican, por ejemplo, eso de que la letra con sangre entra. Las que creen que si algo se hace bien, solo se cumple con el deber y si se hace mal, hay que castigar con fuerza.
Según la antigua pedagogía era el golpe físico el que enseñaba. Ojalá la correa o el chicote. De acuerdo a lo dicho en las escuelas de Periodismo, el impacto psicológico funciona porque es el que vende. A esto hay que agregar las razones económicas o ideológicas que pueden mover a algunos medios informativos a criticar la actuación de determinadas personas o autoridades
Las nuevas corrientes pedagógicas han demostrado los buenos efectos del estímulo positivo que eleva la autoestima y contribuye a la felicidad de los seres humanos. Igualmente, la psicología ha comprobado cómo los pensamientos positivos llevan a acciones de este tipo, con el consiguiente beneficio social y personal.
Sin embargo, los comunicadores no hemos cambiado en este aspecto. Por el contrario. Se ha intensificado el afán morboso de destacar lo negativo, de aumentar cualquier pequeño error y perder de vista las grandes obras o avances, insistiendo en que las malas noticias son las que venden.
Como consecuencia de esta posición que no evoluciona, gran parte de la población vive la infelicidad diaria de creer que está habitando un mundo mucho peor de lo que realmente es, porque lo positivo que ocurre no se difunde.
Tal vez es hora de pensar que el ser humano requiere tener buenas noticias. Darse cuenta que también debe ser un receptor de alegría, de un panorama más esperanzador que el que a diario se destaca en la televisión o en los diarios. Está bueno ya de encontrar todo malo y aumentar las noticias haciendo lucir el lado negativo. Es hora de seguir la corriente de educadores y psicólogos y evolucionar también en el periodismo, abandonando viejas creencias que contribuyen a desmejorar la salud mental de los chilenos y no aportan nada para su beneficio.
Hemos logrado como país muchos cambios que nos parecían imposibles ¿Podremos revertir ahora esta realidad que atenta contra nuestra paz interior?
La teoría de la prensa negra, por no decir amarilla, me recuerda la forma de pensar de algunos educadores de otros tiempos. Tiene cierta similitud con muy antiguas corrientes formativas que permitían el regocijo de mentalidades autoritarias y gozadoras del sufrimiento ajeno. Aquellas que aplican, por ejemplo, eso de que la letra con sangre entra. Las que creen que si algo se hace bien, solo se cumple con el deber y si se hace mal, hay que castigar con fuerza.
Según la antigua pedagogía era el golpe físico el que enseñaba. Ojalá la correa o el chicote. De acuerdo a lo dicho en las escuelas de Periodismo, el impacto psicológico funciona porque es el que vende. A esto hay que agregar las razones económicas o ideológicas que pueden mover a algunos medios informativos a criticar la actuación de determinadas personas o autoridades
Las nuevas corrientes pedagógicas han demostrado los buenos efectos del estímulo positivo que eleva la autoestima y contribuye a la felicidad de los seres humanos. Igualmente, la psicología ha comprobado cómo los pensamientos positivos llevan a acciones de este tipo, con el consiguiente beneficio social y personal.
Sin embargo, los comunicadores no hemos cambiado en este aspecto. Por el contrario. Se ha intensificado el afán morboso de destacar lo negativo, de aumentar cualquier pequeño error y perder de vista las grandes obras o avances, insistiendo en que las malas noticias son las que venden.
Como consecuencia de esta posición que no evoluciona, gran parte de la población vive la infelicidad diaria de creer que está habitando un mundo mucho peor de lo que realmente es, porque lo positivo que ocurre no se difunde.
Tal vez es hora de pensar que el ser humano requiere tener buenas noticias. Darse cuenta que también debe ser un receptor de alegría, de un panorama más esperanzador que el que a diario se destaca en la televisión o en los diarios. Está bueno ya de encontrar todo malo y aumentar las noticias haciendo lucir el lado negativo. Es hora de seguir la corriente de educadores y psicólogos y evolucionar también en el periodismo, abandonando viejas creencias que contribuyen a desmejorar la salud mental de los chilenos y no aportan nada para su beneficio.
Hemos logrado como país muchos cambios que nos parecían imposibles ¿Podremos revertir ahora esta realidad que atenta contra nuestra paz interior?
jueves, enero 26, 2006
La triste experiencia de la Torre de Babel
En estos días han aparecido en los medios de comunicación muchas interpretaciones, algunas bastante extremas, sobre las palabras que el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, emitió seguramente con un ánimo conciliador, en el momento que se conoció la designación de la nueva Presidente de la República.
La forma en que ha desvirtuado la esencia de lo expresado por este representante de la Iglesia, hace pensar en las dificultades de la comunicación humana. Surgen las lenguas diversas que, como en la Torre de Babel, impiden avanzar hacia un fin que vaya en beneficio de la mayoría.
Dar vuelta las frases o alejarlas de sus contextos originales constituye una mala práctica, un arte siniestro que proviene de las obsesiones individuales e impide lograr puntos de encuentro.
Resulta dramático constatar como el fundamentalismo, de cualquier color que sea, tiende a deformar la realidad, con la íntima convicción de que está difundiendo lo cierto o el mañoso deseo de que otros crean que la propia verdad es la única existente y, por lo tanto, debe imponerse a cualquier costo.
Algo similar, aunque en forma menos intencionada, sucede a veces en los diálogos entre padres e hijos, compañeros de trabajo y hasta en las parejas e impide lograr la sintonía. Me viene a la memoria el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” y sus ejemplos. En éstos se muestra cómo los representantes del sexo masculino y femenino emiten mensajes con buenas intenciones que son interpretados en forma errónea por el sexo opuesto por creencias diferente sobre la vida. Me hace evocar también, el pasaje bíblico de la Torre de Babel, en que la diversificación de lenguas hizo la convivencia imposible y quitó el poder de unión que permitía el progreso de un pueblo.
Los desencuentros a menudo comienzan con la interpretación de lo que otro dice, obedeciendo creencias e intereses. Se inician así luchas desgastadoras en que impera la falta de respeto, reflejada en la necesidad de hacer primar el propio punto de vista, como si fuera el único.
Esto explica situaciones lamentables en la comunicación: uno dice algo con intención de paz y otro, cuya mente le impide estos gestos, interpreta lo dicho con ánimo guerrero.
Lamentablemente, los fundamentalismos cunden en el mundo y sus representantes tienen tribunas mucho más visibles que las de los mensajeros de paz.
La forma en que ha desvirtuado la esencia de lo expresado por este representante de la Iglesia, hace pensar en las dificultades de la comunicación humana. Surgen las lenguas diversas que, como en la Torre de Babel, impiden avanzar hacia un fin que vaya en beneficio de la mayoría.
Dar vuelta las frases o alejarlas de sus contextos originales constituye una mala práctica, un arte siniestro que proviene de las obsesiones individuales e impide lograr puntos de encuentro.
Resulta dramático constatar como el fundamentalismo, de cualquier color que sea, tiende a deformar la realidad, con la íntima convicción de que está difundiendo lo cierto o el mañoso deseo de que otros crean que la propia verdad es la única existente y, por lo tanto, debe imponerse a cualquier costo.
Algo similar, aunque en forma menos intencionada, sucede a veces en los diálogos entre padres e hijos, compañeros de trabajo y hasta en las parejas e impide lograr la sintonía. Me viene a la memoria el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” y sus ejemplos. En éstos se muestra cómo los representantes del sexo masculino y femenino emiten mensajes con buenas intenciones que son interpretados en forma errónea por el sexo opuesto por creencias diferente sobre la vida. Me hace evocar también, el pasaje bíblico de la Torre de Babel, en que la diversificación de lenguas hizo la convivencia imposible y quitó el poder de unión que permitía el progreso de un pueblo.
Los desencuentros a menudo comienzan con la interpretación de lo que otro dice, obedeciendo creencias e intereses. Se inician así luchas desgastadoras en que impera la falta de respeto, reflejada en la necesidad de hacer primar el propio punto de vista, como si fuera el único.
Esto explica situaciones lamentables en la comunicación: uno dice algo con intención de paz y otro, cuya mente le impide estos gestos, interpreta lo dicho con ánimo guerrero.
Lamentablemente, los fundamentalismos cunden en el mundo y sus representantes tienen tribunas mucho más visibles que las de los mensajeros de paz.
domingo, enero 22, 2006
¿Estilo masculino o femenino?
Una carta al director aparecida en un importante diario de la capital se preocupaba de un tema que en los últimos días emerge: ¿debemos tratar a la primera mandataria electa como la presidente o la presidenta? Y explicaba que cualquiera de las dos formas era correcta.
Aunque este es un tema menor, marca el inicio de los cambios que el país afrontará con un gobierno femenino. Estos tienen relación, entre muchos otros, con el estilo de mando de las mujeres que, normalmente, no imponen por la fuerza, sino escuchan a los demás y cuando deciden cuál es su actuar correcto, negocian o usan “la muñeca” para convencer con argumentos. De esta forma logran lo que se proponen, sin llegar a la guerra. No en vano la historia dice que en las sociedades matrarcales ésta apenas existió.
Un estilo diferente siempre constituye una esperanza de cambio en una sociedad que más allá de sus logros económicos, no avanza lo que quisiéramos, en su solidaridad y trato digno de las personas. Esto, principalmente, por el privilegio del tener sobre el ser.
La visión masculina imperante por siglos, hasta ahora no ofrece la tranquilidad ni el bienestar real que permite vivir sin estrés, con tiempo para disfrutar de la familia, los amigos, la naturaleza y todo lo bueno que ofrece este mundo. Aunque no todos los hombres actúan así, ni todas las mujeres se apegan a su ser femenino.
La buena convivencia, la solidaridad, el sentido de lo humano, el mundo del afecto que supera al del dinero es algo que está en retirada en nuestra sociedad.
Hace falta por lo tanto una forma diferente de ver el mundo, procedente del acogimiento del hogar. Si esta procede de quien ejerce la primera magistratura del país, puede producir ese cambio fundamental que necesitamos. Aunque es un camino muy difícil de recorrer.
Una Presidenta criticada por no definir anticipadamente su posición frente a los problemas y decir que en cada caso escuchará, evaluará y después tomará decisiones, puede variar de manera importante la realidad actual en la que poco importa lo que los demás piensan.
Independiente de su ideología, cualquiera Presidenta Electa que aplique un estilo femenino de gobierno, basado en una sensibilidad más fina y en una intuición que le permite saber qué hacer y en qué momento, sin guiarse por los consejos de un partido político, deberá vivir momentos muy difíciles que posiblemente la hagan cambiar su manera de presentarse frente a la sociedad.
El gran peligro para su gestión es que para sobrevivir en esta sociedad deba abandonar su esencia, como lo han tenido que hacer muchas mujeres que ejercen cargos públicos, y termine por adoptar el estilo masculino de sus antecesores. Todo ello por la presión ambiente, por la ancestral costumbre de tener un gobierno más guerrero y desafiante.
Esa manera de hacer las cosas, a las que ya estamos acostumbrados, y algunos añoran, en que se goza del poder y de la fuerza, no respeta el pensamiento de otros y menos aún llega a consensos. Ese mundo en que las ideas distintas se consideran un delito en vez de una forma de enriquecer el pensamiento, piensa también en el castigo para los que son diferentes.
¿Podrá la primera Presidente o Presidenta de Chile, mantener su estilo más acogedor y equilibrado de hacer las cosas?
Aunque este es un tema menor, marca el inicio de los cambios que el país afrontará con un gobierno femenino. Estos tienen relación, entre muchos otros, con el estilo de mando de las mujeres que, normalmente, no imponen por la fuerza, sino escuchan a los demás y cuando deciden cuál es su actuar correcto, negocian o usan “la muñeca” para convencer con argumentos. De esta forma logran lo que se proponen, sin llegar a la guerra. No en vano la historia dice que en las sociedades matrarcales ésta apenas existió.
Un estilo diferente siempre constituye una esperanza de cambio en una sociedad que más allá de sus logros económicos, no avanza lo que quisiéramos, en su solidaridad y trato digno de las personas. Esto, principalmente, por el privilegio del tener sobre el ser.
La visión masculina imperante por siglos, hasta ahora no ofrece la tranquilidad ni el bienestar real que permite vivir sin estrés, con tiempo para disfrutar de la familia, los amigos, la naturaleza y todo lo bueno que ofrece este mundo. Aunque no todos los hombres actúan así, ni todas las mujeres se apegan a su ser femenino.
La buena convivencia, la solidaridad, el sentido de lo humano, el mundo del afecto que supera al del dinero es algo que está en retirada en nuestra sociedad.
Hace falta por lo tanto una forma diferente de ver el mundo, procedente del acogimiento del hogar. Si esta procede de quien ejerce la primera magistratura del país, puede producir ese cambio fundamental que necesitamos. Aunque es un camino muy difícil de recorrer.
Una Presidenta criticada por no definir anticipadamente su posición frente a los problemas y decir que en cada caso escuchará, evaluará y después tomará decisiones, puede variar de manera importante la realidad actual en la que poco importa lo que los demás piensan.
Independiente de su ideología, cualquiera Presidenta Electa que aplique un estilo femenino de gobierno, basado en una sensibilidad más fina y en una intuición que le permite saber qué hacer y en qué momento, sin guiarse por los consejos de un partido político, deberá vivir momentos muy difíciles que posiblemente la hagan cambiar su manera de presentarse frente a la sociedad.
El gran peligro para su gestión es que para sobrevivir en esta sociedad deba abandonar su esencia, como lo han tenido que hacer muchas mujeres que ejercen cargos públicos, y termine por adoptar el estilo masculino de sus antecesores. Todo ello por la presión ambiente, por la ancestral costumbre de tener un gobierno más guerrero y desafiante.
Esa manera de hacer las cosas, a las que ya estamos acostumbrados, y algunos añoran, en que se goza del poder y de la fuerza, no respeta el pensamiento de otros y menos aún llega a consensos. Ese mundo en que las ideas distintas se consideran un delito en vez de una forma de enriquecer el pensamiento, piensa también en el castigo para los que son diferentes.
¿Podrá la primera Presidente o Presidenta de Chile, mantener su estilo más acogedor y equilibrado de hacer las cosas?
viernes, enero 13, 2006
El cuento y el descuento
Hablar sin decir nada puede ser un arte, una pésima forma de codificar el mensaje que se desea comunicar, la ausencia de pensamientos o un reflejo de las presiones que sufren por parte de los avisadores o los propietarios, los profesionales que trabajan al interior de algunos medios de comunicación, .
Conozco personas capaces de escribir muchas páginas sin aportar nada nuevo al conocimiento. Otras que conversan horas por el sólo agrado de escucharse. Y también, quienes pueden eludir cualquier tema con palabras grandilocuentes o términos anodinos.
Una lista famosa que se difunde en Internet, combina tres columnas de palabras que unidas al azar siempre suenan bien y dicen muy poco. Durante un tiempo se atribuyó este lenguaje a los ingenieros comerciales.
Observe en televisión la escena de un juez saliendo de tribunales asediado por los periodistas y tendrá la mejor lección de cómo la ausencia de contenidos en lo que se dice puede ser un arte. Impedidos de revelar los secretos del sumario y de hacer prevalecer sus puntos de vista, los abogados practican el manejo del lenguaje y son astros del no decir y expresar sólo lo preciso.
En la vida cotidiana y también en el trabajo, la prudencia en el hablar puede ser la clave de una comunicación conveniente. Cortar a tiempo una discusión que se torna peligrosa o callar lo que hiere al otro son habilidades comunicacionales.
Los periodistas habituados a manejar el lenguaje, también se moderan en el debate cuando,por ejemplo, el dueño de su canal de televisión es el candidato al cual se alude en una polémica. Igualmente, si alguno de los avisadores del programa puede ser afectado por lo que deberían decir y mejor no dicen.
La estabilidad laboral juega un rol importante y hace callar o deformar el mensaje de los encargados de comunicar al público lo que sucede. Para contrarrestar esta situación el lector, teleauditor o radioescucha debe conocer a quien pertenecen las radios, diarios o canales de TV de su preferencia y cuáles son sus intereses económicos y su ideología. Así podrá apartar de lo que se comunica, aquello que corresponde a la tendencia política, religiosa o al interés económico del medio.
Los consumidores deben defenderse de las tendencias de todo tipo, en un mundo informativo que no tiene gran variedad de puntos de vista. Para ello nada mejor que actuar como lo hacen con un amigo exagerado: le descuentan a lo que dice todo lo que corresponde a su forma de ser.
Conozco personas capaces de escribir muchas páginas sin aportar nada nuevo al conocimiento. Otras que conversan horas por el sólo agrado de escucharse. Y también, quienes pueden eludir cualquier tema con palabras grandilocuentes o términos anodinos.
Una lista famosa que se difunde en Internet, combina tres columnas de palabras que unidas al azar siempre suenan bien y dicen muy poco. Durante un tiempo se atribuyó este lenguaje a los ingenieros comerciales.
Observe en televisión la escena de un juez saliendo de tribunales asediado por los periodistas y tendrá la mejor lección de cómo la ausencia de contenidos en lo que se dice puede ser un arte. Impedidos de revelar los secretos del sumario y de hacer prevalecer sus puntos de vista, los abogados practican el manejo del lenguaje y son astros del no decir y expresar sólo lo preciso.
En la vida cotidiana y también en el trabajo, la prudencia en el hablar puede ser la clave de una comunicación conveniente. Cortar a tiempo una discusión que se torna peligrosa o callar lo que hiere al otro son habilidades comunicacionales.
Los periodistas habituados a manejar el lenguaje, también se moderan en el debate cuando,por ejemplo, el dueño de su canal de televisión es el candidato al cual se alude en una polémica. Igualmente, si alguno de los avisadores del programa puede ser afectado por lo que deberían decir y mejor no dicen.
La estabilidad laboral juega un rol importante y hace callar o deformar el mensaje de los encargados de comunicar al público lo que sucede. Para contrarrestar esta situación el lector, teleauditor o radioescucha debe conocer a quien pertenecen las radios, diarios o canales de TV de su preferencia y cuáles son sus intereses económicos y su ideología. Así podrá apartar de lo que se comunica, aquello que corresponde a la tendencia política, religiosa o al interés económico del medio.
Los consumidores deben defenderse de las tendencias de todo tipo, en un mundo informativo que no tiene gran variedad de puntos de vista. Para ello nada mejor que actuar como lo hacen con un amigo exagerado: le descuentan a lo que dice todo lo que corresponde a su forma de ser.
lunes, enero 09, 2006
Comunicaciones: El derecho a elegir en 2006
Elegir lo que se desea ver, leer o escuchar es uno de los derechos básicos de las personas. Para ejercerlo, sin embargo, es necesario tener alternativas, lo que actualmente no sucede en Chile. Si desea informarse o entretenerse haga zapping y se encontrará con ofertas demasiado similares que no permiten optar. Los mismos programas, las mismas noticias, los mismos enfoques están en todas partes.
Los periodistas, salvo raras excepciones, asisten a las mismas conferencias de prensa y destacan las noticias policiales, los contenidos faranduleros y las imágenes más morbosas de delitos o de sexo. Se repiten los contenidos en todos los medios informativos, con excepción relativa de algunos diarios, que ofrecen un poco más de variedad. No sólo se ha terminado la búsqueda de “golpes noticiosos” sino la diferencia de tipos de programas que antes caracterizaba a los canales de televisión. A lo más se encuentra algo mejor en los peores horarios, cuando ya se debe conciliar el sueño para salir a trabajar al día siguiente.
El comentario que escuchamos en la opinión pública durante un año entero es la falta de posibilidad de optar por algo de mejor nivel, menos burdo, sangriento o sin imaginación. Esto se torna especialmente dramático para quienes carecen de los recursos para pagar una conexión a la televisión por cable. Lamentablemente, los únicos que no escuchan este grito del público son los que dirigen las pautas programáticas o informativas. Ni siquiera se pide que dejen de poner lo que desean. Sólo que den opciones distintas en horarios posibles de escuchar o ver.
En esta fecha, muchos planifican lo que ofrecerán al público masivo y establecen sus líneas de acción y parrillas programáticas. Quienes forman el público que lee, mira o escucha lo que ellos determinan, dependen durante todo el año de los criterios de estas personas apliquen. La opción hasta ahora sólo es apagar el televisor o la radio.
Junto con desear un buen año a los ejecutivos de los medios, el público teleauditor, auditor o lector pide que se les dé variedad para elegir de verdad lo que quiere. También que se ajusten realmente a las necesidades de sus televidentes, auditores o lectores, sin dejarse engañar por el ratting o por encuestas que no tienen una muestra representativa . También que impulsen el desarrollo cultural del país en vez de disminuirlo.
Si todos pudieran participar en estas pautas del año, sin duda la oferta sería diferente a la de hoy. Entre otras cosas porque primaría una gama de temas capaz de otorgar satisfacción a todos y no una planificación que pone énfasis en un solo tipo de materias pensando que atraen a un público que cada vez está más descontento.
El argumento al elegir lo que se va a hacer durante el año es principalmente la rentabilidad económica que el medio va a obtener. Poco importa si lo que se dice corresponde a la verdad, si aporta a la cultura, al bienestar de todos o promueve acciones que van contra cualquier tipo positivo de convivencia y desarrollo del país.
El descontento con los medios de comunicación crece entre aquellos que tienen una preparación suficiente para darse cuenta del daño que pueden producir los programas de prensa amarilla, el copucheo farandulero y todo aquello que mantiene a los chilenos en un plano de desarrollo intelectual muy básico, en vez de ofrecer mayor cultura para resolver sus problemas. Lamentablemente los problemas que se crean son a largo plazo y van contra el crecimiento incluso económico del país.
Los medios informativos tienen un rol social muy importante y un poder de desarrollo de la sociedad que puede aportar mayor bienestar a todos. Es importante entonces que en esta fecha del año, quienes planifican piensen en el futuro de sus propios hijos y no los mantengan adormecidos escuchando vanalidades para que unos pocos, más despiertos que ellos, hagan fortuna a su costa .
Los periodistas, salvo raras excepciones, asisten a las mismas conferencias de prensa y destacan las noticias policiales, los contenidos faranduleros y las imágenes más morbosas de delitos o de sexo. Se repiten los contenidos en todos los medios informativos, con excepción relativa de algunos diarios, que ofrecen un poco más de variedad. No sólo se ha terminado la búsqueda de “golpes noticiosos” sino la diferencia de tipos de programas que antes caracterizaba a los canales de televisión. A lo más se encuentra algo mejor en los peores horarios, cuando ya se debe conciliar el sueño para salir a trabajar al día siguiente.
El comentario que escuchamos en la opinión pública durante un año entero es la falta de posibilidad de optar por algo de mejor nivel, menos burdo, sangriento o sin imaginación. Esto se torna especialmente dramático para quienes carecen de los recursos para pagar una conexión a la televisión por cable. Lamentablemente, los únicos que no escuchan este grito del público son los que dirigen las pautas programáticas o informativas. Ni siquiera se pide que dejen de poner lo que desean. Sólo que den opciones distintas en horarios posibles de escuchar o ver.
En esta fecha, muchos planifican lo que ofrecerán al público masivo y establecen sus líneas de acción y parrillas programáticas. Quienes forman el público que lee, mira o escucha lo que ellos determinan, dependen durante todo el año de los criterios de estas personas apliquen. La opción hasta ahora sólo es apagar el televisor o la radio.
Junto con desear un buen año a los ejecutivos de los medios, el público teleauditor, auditor o lector pide que se les dé variedad para elegir de verdad lo que quiere. También que se ajusten realmente a las necesidades de sus televidentes, auditores o lectores, sin dejarse engañar por el ratting o por encuestas que no tienen una muestra representativa . También que impulsen el desarrollo cultural del país en vez de disminuirlo.
Si todos pudieran participar en estas pautas del año, sin duda la oferta sería diferente a la de hoy. Entre otras cosas porque primaría una gama de temas capaz de otorgar satisfacción a todos y no una planificación que pone énfasis en un solo tipo de materias pensando que atraen a un público que cada vez está más descontento.
El argumento al elegir lo que se va a hacer durante el año es principalmente la rentabilidad económica que el medio va a obtener. Poco importa si lo que se dice corresponde a la verdad, si aporta a la cultura, al bienestar de todos o promueve acciones que van contra cualquier tipo positivo de convivencia y desarrollo del país.
El descontento con los medios de comunicación crece entre aquellos que tienen una preparación suficiente para darse cuenta del daño que pueden producir los programas de prensa amarilla, el copucheo farandulero y todo aquello que mantiene a los chilenos en un plano de desarrollo intelectual muy básico, en vez de ofrecer mayor cultura para resolver sus problemas. Lamentablemente los problemas que se crean son a largo plazo y van contra el crecimiento incluso económico del país.
Los medios informativos tienen un rol social muy importante y un poder de desarrollo de la sociedad que puede aportar mayor bienestar a todos. Es importante entonces que en esta fecha del año, quienes planifican piensen en el futuro de sus propios hijos y no los mantengan adormecidos escuchando vanalidades para que unos pocos, más despiertos que ellos, hagan fortuna a su costa .
viernes, diciembre 30, 2005
Comunicación y soledad
Sentirse solo en estas fiestas de fin de año es más común de lo que se piensa. Muchas veces la solución está al alcance de la mano y depende de tomar la iniciativa de comunicarse, en vez de concentrarse en sufrir.
Muchos esperan que otros los llamen, los inviten o les escriban y se sientan a pensar cómo es posible que no los recuerden en estas fechas tan importantes. No tienen conciencia alguna de que ellos hacen lo mismo con otros que esperan, como ellos, este contacto.
El problema se produce porque son muchos los que se quejan y pocos los que se comunican con los demás.
La tecnología actual ofrece numerosas formas de estar en contacto con las personas que necesitamos sentir cerca. A menos que desee sufrir y ser víctima, conviene aprovechar las oportunidades que nos ofrece el siglo XXI.
Los que tienen acceso a Internet pueden en esta fecha, saludar a todo el mundo, expresar sentimientos de agradecimiento a los que fueron buenos con ellos durante el año. Haga la experiencia de enviar a otros un regalo tan simple como es una fotografía significativa o una imagen cualquiera que les traiga un lindo recuerdo compartido, o una frase escrita desde el alma. Sentirá de inmediato cómo esa persona se acerca a usted y responde contenta. Y si no lo hace, igual usted se sentirá bien de iniciar ese acercamiento.
Los que no usan Internet pueden llamar por teléfono, invitar o visitar a quienes quieran ver en ese momento. Aunque parezca obvio, son muchos los que no lo hacen y se quejan de que los demás no se les acercan. Lo importante es tomar la iniciativa.
Hace unos años recibí en esta fecha un llamado telefónico de una persona que había conocido en el año y con quien no había mantenido ninguna otra relación más que el acogimiento en un momento de trabajo para ella difícil. Me dijo que había escogido eso como lo mejor de su año y quería agradecérmelo. Ella siempre hacía un gesto así para Navidad o Año Nuevo. Me sentí tan contenta, que nunca lo he olvidado, aunque no la he visto más.
He conocido personas sin hijos ni familiares que viven rodeadas de quienes los quieren, porque han construido el cariño con esfuerzo a través de la entrega y la comunicación. Otras en cambio, pertenecientes a numerosas familias, continúan solas porque no se preocupan más que de quejarse de lo abandonadas que están.
La comunicación, en general, es una acción que depende de dos: el que envía el mensaje y el que lo recibe y responde. También, de lo que se quiera comunicar y de la forma en que las cosas se expresan.
Si lo que dice es agresivo o hiere la sensibilidad de quien lo recibe indudablemente que su comunicación tendrá un efecto negativo y el próximo año, pasará estas fiestas igualmente sólo que ahora.
Comunicarse, con afecto, entregando atención a los demás antes de solicitarla de éstos es una buena forma de superar esta soledad, que depende en gran medida de la actitud personal y la iniciativa.
Muchos esperan que otros los llamen, los inviten o les escriban y se sientan a pensar cómo es posible que no los recuerden en estas fechas tan importantes. No tienen conciencia alguna de que ellos hacen lo mismo con otros que esperan, como ellos, este contacto.
El problema se produce porque son muchos los que se quejan y pocos los que se comunican con los demás.
La tecnología actual ofrece numerosas formas de estar en contacto con las personas que necesitamos sentir cerca. A menos que desee sufrir y ser víctima, conviene aprovechar las oportunidades que nos ofrece el siglo XXI.
Los que tienen acceso a Internet pueden en esta fecha, saludar a todo el mundo, expresar sentimientos de agradecimiento a los que fueron buenos con ellos durante el año. Haga la experiencia de enviar a otros un regalo tan simple como es una fotografía significativa o una imagen cualquiera que les traiga un lindo recuerdo compartido, o una frase escrita desde el alma. Sentirá de inmediato cómo esa persona se acerca a usted y responde contenta. Y si no lo hace, igual usted se sentirá bien de iniciar ese acercamiento.
Los que no usan Internet pueden llamar por teléfono, invitar o visitar a quienes quieran ver en ese momento. Aunque parezca obvio, son muchos los que no lo hacen y se quejan de que los demás no se les acercan. Lo importante es tomar la iniciativa.
Hace unos años recibí en esta fecha un llamado telefónico de una persona que había conocido en el año y con quien no había mantenido ninguna otra relación más que el acogimiento en un momento de trabajo para ella difícil. Me dijo que había escogido eso como lo mejor de su año y quería agradecérmelo. Ella siempre hacía un gesto así para Navidad o Año Nuevo. Me sentí tan contenta, que nunca lo he olvidado, aunque no la he visto más.
He conocido personas sin hijos ni familiares que viven rodeadas de quienes los quieren, porque han construido el cariño con esfuerzo a través de la entrega y la comunicación. Otras en cambio, pertenecientes a numerosas familias, continúan solas porque no se preocupan más que de quejarse de lo abandonadas que están.
La comunicación, en general, es una acción que depende de dos: el que envía el mensaje y el que lo recibe y responde. También, de lo que se quiera comunicar y de la forma en que las cosas se expresan.
Si lo que dice es agresivo o hiere la sensibilidad de quien lo recibe indudablemente que su comunicación tendrá un efecto negativo y el próximo año, pasará estas fiestas igualmente sólo que ahora.
Comunicarse, con afecto, entregando atención a los demás antes de solicitarla de éstos es una buena forma de superar esta soledad, que depende en gran medida de la actitud personal y la iniciativa.
viernes, diciembre 23, 2005
La importancia de la letra chica en los diarios
Aprender a leer los diarios, incluyendo la letra chica y a descubrir lo que se dice, más allá de las palabras, es parte esencial de una buena información. Puede por lo tanto ser vital para el desarrollo del país ya que tanto el equilibrio del mercado como la democracia funcionan bien, sólo si existe un consumidor-ciudadano bien informado.
Hace unos días leí, con estupor, el título de un medio informativo de alta circulación. Decía con gran seguridad que uno de los candidatos de las elecciones recién pasadas no era apto para ejercer el cargo. Esto, en letras muy grandes acompañado de un epígrafe, en caracteres minúsculos que atribuía la frase a su contendor, el candidato de la otra lista.
El estupor, aunque no la sorpresa, me lo produjo la manera tan mañosa de manejar la información. Aunque después de años observando el comportamiento de los medios, pocas cosas me pueden sorprender.
Al analizar cuidadosamente el tema, se descubre el mundo de intereses, ideológicos y económicos, que se mueve tras la presentación de cada noticia. La forma de titular, de inducir a pensar en una dirección que conviene a los dueños del periódico se hace, además, a la chilena. Todo es y no es, al mismo tiempo.
Las cosas se dicen para que el lector quede con una imagen en la mente, pero a la vez no se percate de la manipulación. Tampoco el afectado puede querellarse o darse por ofendido, porque aunque el pensamiento refleja el del periódico, y ni siquiera está entre comillas lo dice, según la letra chica, alguien externo a la empresa periodística.
Un titular de primera plana y a gran tamaño, impacta al lector común quien da por hecho que lo dicho allí es una verdad irrefutable y lo hace suyo. Pocos se detienen a leer y menos a pensar, que sólo es lo que asegura la persona menos imparcial para dar una opinión: el competidor en las elecciones, .
La única forma de defenderse de esta mala información es una buena educación para leer los periódicos. Para eso es indispensable que el lector aprenda desde la enseñanza media a observar lo que se dice entre líneas.
La información se entrega en los medios de comunicación de acuerdo a los intereses de los dueños, lo que es legítimo, aunque pueda ser muy distante de la realidad que vive el lector. Por eso es vital que este último esté preparado para leer e interpretar los datos que le entregan. Y eso no sucede comúnmente.
Por esa razón, a menudo leen tanto los mensajes periodísticos como los publicitarios con tanta inocencia que los hacen tomar decisiones perjudiciales a sus propios intereses.
Hace unos días leí, con estupor, el título de un medio informativo de alta circulación. Decía con gran seguridad que uno de los candidatos de las elecciones recién pasadas no era apto para ejercer el cargo. Esto, en letras muy grandes acompañado de un epígrafe, en caracteres minúsculos que atribuía la frase a su contendor, el candidato de la otra lista.
El estupor, aunque no la sorpresa, me lo produjo la manera tan mañosa de manejar la información. Aunque después de años observando el comportamiento de los medios, pocas cosas me pueden sorprender.
Al analizar cuidadosamente el tema, se descubre el mundo de intereses, ideológicos y económicos, que se mueve tras la presentación de cada noticia. La forma de titular, de inducir a pensar en una dirección que conviene a los dueños del periódico se hace, además, a la chilena. Todo es y no es, al mismo tiempo.
Las cosas se dicen para que el lector quede con una imagen en la mente, pero a la vez no se percate de la manipulación. Tampoco el afectado puede querellarse o darse por ofendido, porque aunque el pensamiento refleja el del periódico, y ni siquiera está entre comillas lo dice, según la letra chica, alguien externo a la empresa periodística.
Un titular de primera plana y a gran tamaño, impacta al lector común quien da por hecho que lo dicho allí es una verdad irrefutable y lo hace suyo. Pocos se detienen a leer y menos a pensar, que sólo es lo que asegura la persona menos imparcial para dar una opinión: el competidor en las elecciones, .
La única forma de defenderse de esta mala información es una buena educación para leer los periódicos. Para eso es indispensable que el lector aprenda desde la enseñanza media a observar lo que se dice entre líneas.
La información se entrega en los medios de comunicación de acuerdo a los intereses de los dueños, lo que es legítimo, aunque pueda ser muy distante de la realidad que vive el lector. Por eso es vital que este último esté preparado para leer e interpretar los datos que le entregan. Y eso no sucede comúnmente.
Por esa razón, a menudo leen tanto los mensajes periodísticos como los publicitarios con tanta inocencia que los hacen tomar decisiones perjudiciales a sus propios intereses.
TLC con China y adultos mayores
Ser “adulto mayor” en este país es símbolo de decadencia. Al contrario de lo que aquí sucede, en la sociedad China, ser viejo es ser sabio y las personas mayores gozan de una alta jerarquía social.
Los medios de comunicación chilenos tienen una gran responsabilidad en la imagen que proyectan de los adultos mayores, a quienes sólo se les ve bien cuando son parte de una promoción de turismo para tercera edad. La mayoría de los artículos o publicidad que los incluyen, muestran fotos de personas sin dientes, bien arrugadas y, ojalá, mal vestidos o enfermos. Así inspiran en lo que los ven, con mucha suerte, algo de compasión.
La sociedad los ve masivamente así, como consecuencia de lo que a diario muestran los medios de comunicación. Como consecuencia, un día después de cumplir los sesenta, se pasa de persona normal a otra que, con cierto tono despectivo o caritativo, los diarios llaman “ ancianito o abuelito”, aunque no tenga nietos. Ha pasado solo un día desde que se era un ejecutivo de éxito y ahora se forma parte del segmento de tercera edad, al cual se les ofrecen remedios, que muchas veces no necesitan más que los jóvenes, y viajes, que posiblemente no pueden ni desean hacer.
Actualmente en Chile la comunidad no otorga a los adultos mayores lo único que quisieran tener: la dignidad. Esto podría lograrse si le proporcionara una imagen pública que le permitiera acceder a un trabajo, si lo desea, o integrarse al mundo activo, como se hacía hasta hace pocos años, cuando no se había inventado el concepto de tercera edad. En ese momento los niños y adultos compartían las fiestas y los espacios, sin la segmentación de hoy. Ésta obedece en parte a la necesidad publicitaria de dividir, para reinar con avisos dirigidos a un público determinado, según cual sea el producto que ésta ofrece.
De acuerdo a la cifras del Censo del 2002 ,el grupo de 60 y más años en Chile, alcanzaba al 11,4 % del total del país, cerca de 1,7 millones de habitantes. En el 2020, se estima que éstos serán cerca de 3 millones de personas. Sin embargo, los medios de comunicación los continúan segregando, lo que comienza en el momento mismo que se proyecta su imagen como un estamento diferente de los adultos en general.
El culto a la juventud que profesamos los chilenos está lejos de considerar las corrientes de pensamiento oriental, en que los ancianos son venerados por su sabiduría. Aquí se les trata de empujar para que dejen los cargos y “den tiraje a la chimenea”, dejando paso a los más jóvenes e inexpertos posibles, que deben hacer las mismas experiencias por las que ellos ya pasaron, para sacar conclusiones similares, que sería muy bueno aplicar pronto en el país.
Si los menores de sesenta pensaran que ellos también alcanzarán esa edad, tal vez tomarían las medidas para superar este problema. Podrían, por ejemplo, agregar al ¨TLC con China, un artículo que promueva la baja de aranceles para la importación del concepto que allí se tiene de la ancianidad, aquel que proyecta a este grupo como fuente de sabiduría y veneración.
Los medios de comunicación chilenos tienen una gran responsabilidad en la imagen que proyectan de los adultos mayores, a quienes sólo se les ve bien cuando son parte de una promoción de turismo para tercera edad. La mayoría de los artículos o publicidad que los incluyen, muestran fotos de personas sin dientes, bien arrugadas y, ojalá, mal vestidos o enfermos. Así inspiran en lo que los ven, con mucha suerte, algo de compasión.
La sociedad los ve masivamente así, como consecuencia de lo que a diario muestran los medios de comunicación. Como consecuencia, un día después de cumplir los sesenta, se pasa de persona normal a otra que, con cierto tono despectivo o caritativo, los diarios llaman “ ancianito o abuelito”, aunque no tenga nietos. Ha pasado solo un día desde que se era un ejecutivo de éxito y ahora se forma parte del segmento de tercera edad, al cual se les ofrecen remedios, que muchas veces no necesitan más que los jóvenes, y viajes, que posiblemente no pueden ni desean hacer.
Actualmente en Chile la comunidad no otorga a los adultos mayores lo único que quisieran tener: la dignidad. Esto podría lograrse si le proporcionara una imagen pública que le permitiera acceder a un trabajo, si lo desea, o integrarse al mundo activo, como se hacía hasta hace pocos años, cuando no se había inventado el concepto de tercera edad. En ese momento los niños y adultos compartían las fiestas y los espacios, sin la segmentación de hoy. Ésta obedece en parte a la necesidad publicitaria de dividir, para reinar con avisos dirigidos a un público determinado, según cual sea el producto que ésta ofrece.
De acuerdo a la cifras del Censo del 2002 ,el grupo de 60 y más años en Chile, alcanzaba al 11,4 % del total del país, cerca de 1,7 millones de habitantes. En el 2020, se estima que éstos serán cerca de 3 millones de personas. Sin embargo, los medios de comunicación los continúan segregando, lo que comienza en el momento mismo que se proyecta su imagen como un estamento diferente de los adultos en general.
El culto a la juventud que profesamos los chilenos está lejos de considerar las corrientes de pensamiento oriental, en que los ancianos son venerados por su sabiduría. Aquí se les trata de empujar para que dejen los cargos y “den tiraje a la chimenea”, dejando paso a los más jóvenes e inexpertos posibles, que deben hacer las mismas experiencias por las que ellos ya pasaron, para sacar conclusiones similares, que sería muy bueno aplicar pronto en el país.
Si los menores de sesenta pensaran que ellos también alcanzarán esa edad, tal vez tomarían las medidas para superar este problema. Podrían, por ejemplo, agregar al ¨TLC con China, un artículo que promueva la baja de aranceles para la importación del concepto que allí se tiene de la ancianidad, aquel que proyecta a este grupo como fuente de sabiduría y veneración.
sábado, diciembre 10, 2005
Mujeres: ¿Clones de sus maridos?
Un importante periódico de la capital, en la semana antes de la elección presidencial, en vez de entrevistar a la candidata, conversó con las esposas de los otros dos candidatos.
A nadie sorprenden ya estas cosas, porque son un fiel reflejo de la sociedad en que vivimos, donde al parecer es más importante destacar la labor de la mujer detrás de un hombre líder, que la de otra que hace noticia.
Las razones pueden ser muchas y van desde las simpatías ideológicas del medio, al simple deseo de mirar con detención el intenso trabajo de estas abnegadas esposas, a quien el diario menciona como “clones de sus maridos”. Sin embargo, esto nos hace detenernos a pensar sobre el tema.
El trato que la mujer recibe en los medios de comunicación, normalmente, tiende a proyectar su imagen como alguien secundario: un ser que necesita del apoyo de un hombre para ser importante. Sólo se colocan en primera plana las muy ligeras de ropa, transformadas en objeto; las que lloran en forma desmesurada, especialmente si lo hacen por sus hijos, o las que son muy conflictivas.
Lamentablemente, estas imágenes son las que permanecen en la retina y en la mente de la sociedad y mantienen a la mujer en un segundo plano, del cual le cuesta mucho salir. A ella se le asignan los quehaceres domésticos para toda la familia, un trabajo oculto a los ojos de la sociedad y sin remuneración. Además, debe asumirlo tenga o no las habilidades para hacerlo, invirtiendo sus horas más valiosas en labores rutinarias que poco aportan al desarrollo de su espíritu e intelecto. De esta forma, si una mente como la de Einstein hubiera nacido en el cuerpo de una mujer, con el quehacer de la casa, no habría tenido tiempo para formular la Teoría de la Relatividad. Un talento como el de Bethoven, en un ser del sexo femenino, no habría compuesto sus magníficos conciertos y, posiblemente, la comida elaborada por sus manos, no habría producido el mismo placer a las generaciones venideras que sus sinfonías.
Mientras tanto, el hombre prolijo que haría bien las labores de la casa y que, a veces, no tiene ideas ni talento que aportar al mundo público, debe salir a éste porque la sociedad lo impone, para ser proveedor de la familia.
Aunque hoy existen algunos cambios al respecto, éstos aún son insuficientes y el “machismo renovado” surge en la mente de hombres y mujeres y hasta en los periódicos, como producto de una larga historia de roles impuestos por la costumbre, en vez de ser escogidos y compartidos.
Los medios de comunicación como reflejo de la sociedad en que vivimos ,siguen asociando y difundiendo, masivamente, una imagen masculina en los cargos y temas importantes y una femenina en los roles secundarios. Además, responsabilizan a la mujer de todo lo que ocurre en el hogar y a los hijos que nacen, al menos así lo entiendo, como fruto de la relación de un padre con una madre.
No extraña por lo tanto, pero si es necesario hacerlo notar, que en vez de entrevistar a la candidata a la Presidencia de la República, la semana anterior a la elección, hablen con las señoras de dos de los candidatos. Tampoco que a ellas se les señale como “clones de sus maridos”, en vez de destacar sus propias ideas o acciones. O que se espere que si sus esposos triunfan, asuman una serie de cargos, que no asignarían al esposo de ninguna candidata.
Si una mujer ganara las elecciones chilenas, con o sin esposo, le correspondería de seguro desempeñar un doble rol: el de Primer Mandatario y el de presidenta o vice presidenta de todas las instituciones habitualmente asignadas a las esposas de los presidentes. Si sucede lo contrario, las esposas deberán, quieranlo o no, echar sobre sus espaldas un sinnumero de cargos y actividades que, posiblemente nunca quisieron ejercer o no están preparadas para desempeñar.
La imposición de roles de todo tipo en nuestro país, es una irracionalidad que es necesario repensar, si queremos vivir en una sociedad mejor y más feliz .
A nadie sorprenden ya estas cosas, porque son un fiel reflejo de la sociedad en que vivimos, donde al parecer es más importante destacar la labor de la mujer detrás de un hombre líder, que la de otra que hace noticia.
Las razones pueden ser muchas y van desde las simpatías ideológicas del medio, al simple deseo de mirar con detención el intenso trabajo de estas abnegadas esposas, a quien el diario menciona como “clones de sus maridos”. Sin embargo, esto nos hace detenernos a pensar sobre el tema.
El trato que la mujer recibe en los medios de comunicación, normalmente, tiende a proyectar su imagen como alguien secundario: un ser que necesita del apoyo de un hombre para ser importante. Sólo se colocan en primera plana las muy ligeras de ropa, transformadas en objeto; las que lloran en forma desmesurada, especialmente si lo hacen por sus hijos, o las que son muy conflictivas.
Lamentablemente, estas imágenes son las que permanecen en la retina y en la mente de la sociedad y mantienen a la mujer en un segundo plano, del cual le cuesta mucho salir. A ella se le asignan los quehaceres domésticos para toda la familia, un trabajo oculto a los ojos de la sociedad y sin remuneración. Además, debe asumirlo tenga o no las habilidades para hacerlo, invirtiendo sus horas más valiosas en labores rutinarias que poco aportan al desarrollo de su espíritu e intelecto. De esta forma, si una mente como la de Einstein hubiera nacido en el cuerpo de una mujer, con el quehacer de la casa, no habría tenido tiempo para formular la Teoría de la Relatividad. Un talento como el de Bethoven, en un ser del sexo femenino, no habría compuesto sus magníficos conciertos y, posiblemente, la comida elaborada por sus manos, no habría producido el mismo placer a las generaciones venideras que sus sinfonías.
Mientras tanto, el hombre prolijo que haría bien las labores de la casa y que, a veces, no tiene ideas ni talento que aportar al mundo público, debe salir a éste porque la sociedad lo impone, para ser proveedor de la familia.
Aunque hoy existen algunos cambios al respecto, éstos aún son insuficientes y el “machismo renovado” surge en la mente de hombres y mujeres y hasta en los periódicos, como producto de una larga historia de roles impuestos por la costumbre, en vez de ser escogidos y compartidos.
Los medios de comunicación como reflejo de la sociedad en que vivimos ,siguen asociando y difundiendo, masivamente, una imagen masculina en los cargos y temas importantes y una femenina en los roles secundarios. Además, responsabilizan a la mujer de todo lo que ocurre en el hogar y a los hijos que nacen, al menos así lo entiendo, como fruto de la relación de un padre con una madre.
No extraña por lo tanto, pero si es necesario hacerlo notar, que en vez de entrevistar a la candidata a la Presidencia de la República, la semana anterior a la elección, hablen con las señoras de dos de los candidatos. Tampoco que a ellas se les señale como “clones de sus maridos”, en vez de destacar sus propias ideas o acciones. O que se espere que si sus esposos triunfan, asuman una serie de cargos, que no asignarían al esposo de ninguna candidata.
Si una mujer ganara las elecciones chilenas, con o sin esposo, le correspondería de seguro desempeñar un doble rol: el de Primer Mandatario y el de presidenta o vice presidenta de todas las instituciones habitualmente asignadas a las esposas de los presidentes. Si sucede lo contrario, las esposas deberán, quieranlo o no, echar sobre sus espaldas un sinnumero de cargos y actividades que, posiblemente nunca quisieron ejercer o no están preparadas para desempeñar.
La imposición de roles de todo tipo en nuestro país, es una irracionalidad que es necesario repensar, si queremos vivir en una sociedad mejor y más feliz .
domingo, diciembre 04, 2005
Alimentos light: ¿realmente necesarios?
Comerse un plato de papas fritas o un enorme y cremoso pedazo de torta acompañado de una bebida light, es mucho más común de lo que uno pueda imaginarse.
La salud y la buena nutrición no es en apariencia lo que mueve a quienes consumen estos productos sino una moda, sistemáticamente alimentada por la publicidad.
Chile es el tercer consumidor de productos light en Latinoamérica. Según la “Radiografía del Consumidor” que elabora Latin Panel, el 53 % de los hogares de la Región Metropolitana tiene alimentos o bebidas light o diet en su lista de compras.
Preferir estos productos a los normales, normalmente más económicos, es una costumbre que se impone con las fuertes campañas realizadas por los medios de comunicación. El mensaje que se percibe en ésta al igual que los artículos que se hacen en torno a la forma de alimentarse, están principalmente dirigidon a ser flaco y no necesariamente a ser sano.
Bebidas, margarinas, yogur y todo tipo de alimentos se ofrecen en el mercado destacando estas cualidades. Y, como es bien visto estar a dieta, flacos y gordos, hacen régimen, sin consultar previamente a un profesional. Además, hasta los niños consumen productos dietéticos porque están siempre a mano en casa. Pocos toman en cuenta si los edulcorantes que estos consumen en un día sobrepasan o no los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud para que los afecten ya que en cierta cantidad podrían ser cancerígenos.
La responsabilidad que tienen los medios de comunicación en este tema es notable. Difunden como silueta ideal la de mujeres flacas. Las personas de talla mediana aspiran a lograr esta meta y muchas veces deterioran su salud.
Posiblemente algunos periodistas escriban crónicas al respecto, sin una formación adecuada sobre temas de nutrición pero lo más probables es que ellos no hagan más que obedecer a su editor que les solicita respaldar campañas que impulsan las empresas avisadoras del medio de comunicación con el fin de subir sus ventas.
¿Cómo proliferarían los productos dietéticos si la gente pusiera su énfasis en una nutrición equilibrada y no recibiera a cada rato los mensajes que las impulsan a consumirlos?
La verdad es que los consumidores muchas veces no tienen siquiera conciencia de que los productos light no siempre son bajos en calorías: pueden serlo en proteínas, hidratos de carbonos (azúcar y almidones), lípidos y grasas, o contener mayor cantidad de fibras.
Puede suceder entonces que para adelgazar compren pan dietético que no tiene menos calorías que uno corriente, sino mayor cantidad de fibra, por lo cual mejorará su digestión pero sin bajar de peso.
Valdría la pena pensar si debemos hacer caso en todo a lo que nos dicen los medios de comunicación que debemos comprar o si es mejor invertir ese dinero en verduras, frutas y pescados que nutren mejor y permiten mantenerse en forma sin llegar a extremos.
La salud y la buena nutrición no es en apariencia lo que mueve a quienes consumen estos productos sino una moda, sistemáticamente alimentada por la publicidad.
Chile es el tercer consumidor de productos light en Latinoamérica. Según la “Radiografía del Consumidor” que elabora Latin Panel, el 53 % de los hogares de la Región Metropolitana tiene alimentos o bebidas light o diet en su lista de compras.
Preferir estos productos a los normales, normalmente más económicos, es una costumbre que se impone con las fuertes campañas realizadas por los medios de comunicación. El mensaje que se percibe en ésta al igual que los artículos que se hacen en torno a la forma de alimentarse, están principalmente dirigidon a ser flaco y no necesariamente a ser sano.
Bebidas, margarinas, yogur y todo tipo de alimentos se ofrecen en el mercado destacando estas cualidades. Y, como es bien visto estar a dieta, flacos y gordos, hacen régimen, sin consultar previamente a un profesional. Además, hasta los niños consumen productos dietéticos porque están siempre a mano en casa. Pocos toman en cuenta si los edulcorantes que estos consumen en un día sobrepasan o no los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud para que los afecten ya que en cierta cantidad podrían ser cancerígenos.
La responsabilidad que tienen los medios de comunicación en este tema es notable. Difunden como silueta ideal la de mujeres flacas. Las personas de talla mediana aspiran a lograr esta meta y muchas veces deterioran su salud.
Posiblemente algunos periodistas escriban crónicas al respecto, sin una formación adecuada sobre temas de nutrición pero lo más probables es que ellos no hagan más que obedecer a su editor que les solicita respaldar campañas que impulsan las empresas avisadoras del medio de comunicación con el fin de subir sus ventas.
¿Cómo proliferarían los productos dietéticos si la gente pusiera su énfasis en una nutrición equilibrada y no recibiera a cada rato los mensajes que las impulsan a consumirlos?
La verdad es que los consumidores muchas veces no tienen siquiera conciencia de que los productos light no siempre son bajos en calorías: pueden serlo en proteínas, hidratos de carbonos (azúcar y almidones), lípidos y grasas, o contener mayor cantidad de fibras.
Puede suceder entonces que para adelgazar compren pan dietético que no tiene menos calorías que uno corriente, sino mayor cantidad de fibra, por lo cual mejorará su digestión pero sin bajar de peso.
Valdría la pena pensar si debemos hacer caso en todo a lo que nos dicen los medios de comunicación que debemos comprar o si es mejor invertir ese dinero en verduras, frutas y pescados que nutren mejor y permiten mantenerse en forma sin llegar a extremos.
domingo, noviembre 27, 2005
Estigmas que matan
Desde que somos pequeños la sociedad nos estigmatiza y marca nuestro destino. Dice que un niño es malo para la gimnasia y lo excluye de las actividades deportivas para siempre. Lo apoda como débil, agresivo o cualquier otro apelativo que lo ubica en un estrato desde donde, difícilmente, puede salir para comprobar lo contrario.
En los últimos días, un grupo decidió llamar por radio a “liquidar a los flaites” y continúa haciéndolo a través de Internet. Definió a éstos como: “seres miserables que merecen ser atacados” y lo que es más grave, los describió con características físicas que son comunes a muchos ciudadanos honestos. Un flaite puede ser cualquiera que se vista con zapatillas y tiro bajo y que tenga “pinta de delincuente”.
La sociedad chilena estigmatiza fácilmente y los medios de comunicación masifican estos estigmas. Por eso una mujer aparece en pantalla asociada a una máquina lavadora o a la cocina, desarrollando actividades que la sociedad les asigna sin ver cuáles son sus habilidades naturales. También, se le expone como un objeto sexual, delgada y curvilínea, según lo que la sociedad impone como ideal estético. Se las muestra llorando a gritos, porque deben ser débiles o con los niños en brazos, porque se les nombra responsables únicas de los hijos de una pareja. A los hombres, en cambio, se les asigna ser mujeriegos y bebedores o representantes de los ejecutivos de altos cargos. A todos se les asignan roles que deben ejercer y los privan de su individualidad, lo que quieren ser o hacer, aquello para lo que tienen mejores condiciones naturales. Si Bethoven hubiera nacido en Chile probablemente no se habría dedicado a la música, porque “de eso no se puede vivir y debe ser sólo un adorno”.
Los medios informativos, como reflejo de esta sociedad, difunden imágenes que estigmatizan. También otras clasistas o racistas. De acuerdo a éstas últimas, los rubios son en su mayoría encantadores y triunfantes. Los morenos en cambio, pobres y de malas costumbres.
Todos los prejuicios masificados por los medios, surgen en los momentos menos pensados. Recuerdo ahora, una discusión que tuve en un medio de comunicación para que apareciera en portada una miss Chile que según el gerente comercial tenía un tremendo defecto: su pelo era negro.
Vivimos en un país en que para hacer bien las labores de casa y criar los hijos, es necesario ser mujer. Para gobernar el país y las empresas hay que ser hombre. No importa que la realidad demuestre que los resultados de una y otra cosa no son los esperados según el sexo. Todo está previamente determinado y hay que cumplir con lo estatuido quizás por quién y por qué extraña razón.
Así es nuestra sociedad. Impone deberes independiente de las habilidades o atributos individuales. Las personas forman un grupo que debe obedecer lo que la sociedad impone. Por eso, no podemos extrañarnos que a alguien se le ocurra destruir a un grupo determinado, con características propias, porque le parece que no calza con la sociedad imperante y que algún medio de comunicación se preste para propagar este mensaje.
No debe extrañarnos, es cierto, pero sí hacernos pensar sobre el tipo de sociedad en que vivimos y lograr que ésta cambie. Para que nadie pueda “pitearse un flaite”, lo que en castellano quiere decir: matar o excluir a alguien porque usa un vestuario diferente, es moreno, pobre y por lo tanto “parece” un delincuente. Como si no existieran delincuentes de cuello y corbata.
En los últimos días, un grupo decidió llamar por radio a “liquidar a los flaites” y continúa haciéndolo a través de Internet. Definió a éstos como: “seres miserables que merecen ser atacados” y lo que es más grave, los describió con características físicas que son comunes a muchos ciudadanos honestos. Un flaite puede ser cualquiera que se vista con zapatillas y tiro bajo y que tenga “pinta de delincuente”.
La sociedad chilena estigmatiza fácilmente y los medios de comunicación masifican estos estigmas. Por eso una mujer aparece en pantalla asociada a una máquina lavadora o a la cocina, desarrollando actividades que la sociedad les asigna sin ver cuáles son sus habilidades naturales. También, se le expone como un objeto sexual, delgada y curvilínea, según lo que la sociedad impone como ideal estético. Se las muestra llorando a gritos, porque deben ser débiles o con los niños en brazos, porque se les nombra responsables únicas de los hijos de una pareja. A los hombres, en cambio, se les asigna ser mujeriegos y bebedores o representantes de los ejecutivos de altos cargos. A todos se les asignan roles que deben ejercer y los privan de su individualidad, lo que quieren ser o hacer, aquello para lo que tienen mejores condiciones naturales. Si Bethoven hubiera nacido en Chile probablemente no se habría dedicado a la música, porque “de eso no se puede vivir y debe ser sólo un adorno”.
Los medios informativos, como reflejo de esta sociedad, difunden imágenes que estigmatizan. También otras clasistas o racistas. De acuerdo a éstas últimas, los rubios son en su mayoría encantadores y triunfantes. Los morenos en cambio, pobres y de malas costumbres.
Todos los prejuicios masificados por los medios, surgen en los momentos menos pensados. Recuerdo ahora, una discusión que tuve en un medio de comunicación para que apareciera en portada una miss Chile que según el gerente comercial tenía un tremendo defecto: su pelo era negro.
Vivimos en un país en que para hacer bien las labores de casa y criar los hijos, es necesario ser mujer. Para gobernar el país y las empresas hay que ser hombre. No importa que la realidad demuestre que los resultados de una y otra cosa no son los esperados según el sexo. Todo está previamente determinado y hay que cumplir con lo estatuido quizás por quién y por qué extraña razón.
Así es nuestra sociedad. Impone deberes independiente de las habilidades o atributos individuales. Las personas forman un grupo que debe obedecer lo que la sociedad impone. Por eso, no podemos extrañarnos que a alguien se le ocurra destruir a un grupo determinado, con características propias, porque le parece que no calza con la sociedad imperante y que algún medio de comunicación se preste para propagar este mensaje.
No debe extrañarnos, es cierto, pero sí hacernos pensar sobre el tipo de sociedad en que vivimos y lograr que ésta cambie. Para que nadie pueda “pitearse un flaite”, lo que en castellano quiere decir: matar o excluir a alguien porque usa un vestuario diferente, es moreno, pobre y por lo tanto “parece” un delincuente. Como si no existieran delincuentes de cuello y corbata.
viernes, noviembre 18, 2005
El aporte del cuarto poder
La investigación periodística que hacen los medios de comunicación masiva se ha transformado en una efectiva herramienta para retomar casos policiales que, por años, se encontraban sin resolver o cerrados de forma dudosa.
Pocas veces se hace más evidente que en estos casos, el importante rol social de la televisión y los diarios, entre otros. La denuncia de una situación poco clara puede mover montañas si se hace usando lo que llaman “El cuarto poder del estado”.
Si los medios de comunicación masiva son capaces de remover las conciencias, las instituciones y las personas, muchos de los problemas que nos afectan como país podrían disminuir en forma importante, si éstos se propusieran colocarlos en la agenda informativa sin pensar tanto en la ganancia inmediata.
Más allá de explotar la prensa amarilla o roja que cuenta escándalos o crímenes, los medios de comunicación podrían destinar parte de su espacio a promover causas sociales positivas, removiendo la conciencia de quienes son, por ejemplo, los responsables de la mala distribución de los ingresos, de las desigualdades y discriminaciones, por mencionar sólo algunos problemas.
El uso del tiempo televisivo que vale oro, no sólo por lo que hay que pagar por él, sino por la enorme audiencia que tiene, cumpliría su finalidad más positiva sin pensara menos en el ratting y se usara un poco para el beneficio de la sociedad. Al menos no debería desperdiciarse con programas de poca altura o chabacanos. El espacio de los medios escritos o radiales merecería también una revisión desde la perspectiva del crecimiento positivo, no sólo económico.
Ojalá esto sea algún día posible y no choque siempre con el criterio de corto plazo. No vaya a ser que por no preocuparse de “compartir” como se enseña en los jardines infantiles; de aceptar al otro, sin mirar su orígen étnico o social, suceda en Chile una situación como la francesa, en que las manifestaciones de los grupos segregados está fuera de control con el consiguiente perjuicio para toda la comunidad, en la que se incluyen los medios informativos.
Pocas veces se hace más evidente que en estos casos, el importante rol social de la televisión y los diarios, entre otros. La denuncia de una situación poco clara puede mover montañas si se hace usando lo que llaman “El cuarto poder del estado”.
Si los medios de comunicación masiva son capaces de remover las conciencias, las instituciones y las personas, muchos de los problemas que nos afectan como país podrían disminuir en forma importante, si éstos se propusieran colocarlos en la agenda informativa sin pensar tanto en la ganancia inmediata.
Más allá de explotar la prensa amarilla o roja que cuenta escándalos o crímenes, los medios de comunicación podrían destinar parte de su espacio a promover causas sociales positivas, removiendo la conciencia de quienes son, por ejemplo, los responsables de la mala distribución de los ingresos, de las desigualdades y discriminaciones, por mencionar sólo algunos problemas.
El uso del tiempo televisivo que vale oro, no sólo por lo que hay que pagar por él, sino por la enorme audiencia que tiene, cumpliría su finalidad más positiva sin pensara menos en el ratting y se usara un poco para el beneficio de la sociedad. Al menos no debería desperdiciarse con programas de poca altura o chabacanos. El espacio de los medios escritos o radiales merecería también una revisión desde la perspectiva del crecimiento positivo, no sólo económico.
Ojalá esto sea algún día posible y no choque siempre con el criterio de corto plazo. No vaya a ser que por no preocuparse de “compartir” como se enseña en los jardines infantiles; de aceptar al otro, sin mirar su orígen étnico o social, suceda en Chile una situación como la francesa, en que las manifestaciones de los grupos segregados está fuera de control con el consiguiente perjuicio para toda la comunidad, en la que se incluyen los medios informativos.
sábado, noviembre 12, 2005
Mantener la paz: el mejor negocio
La delicada situación internacional que se vive con Perú pone una vez más a prueba el comportamiento de los medios informativos, especialmente, de aquellos más sensacionalistas.
La forma en que se den las noticias respecto a los problemas que existen entre los países pueden hacer la diferencia entre mantener la paz o profundizar las diferencias.
El conflicto es reconocido por los teóricos del periodismo como uno de los elementos de la noticia. Crearlo y fomentarlo constituye una práctica habitual de algunos editores de diarios, radio o televisión, que, al parecer, no recuerdan que hay al menos doce elementos más que hacen que un acontecimiento sea importante y atractivo para los lectores.
Algunos editores conducen su labor periodística guiándose sólo por alcanzar las metas de ventas alimentando hasta los más mínimos conflictos y abandonan, entre otros, el sentido social que es parte de la esencia del periodismo. En el afán de cumplir las expectativas comerciales del medio, éstos pueden avanzar sin escrúpulos por el camino de exaltar las pasiones de los lectores con consecuencias a veces funestas. Basta observar cómo se agrandan las diferencias entre las figuras públicas cuando opinan levemente distinto sobre fútbol, política o cualquier otra materia. Y cómo se explota cualquier problema de las parejas de famosos.
El sensacionalismo, reproduce en forma masiva, el siempre dañino “copucheo” . Con éste destruye la imagen y a veces la vida de las personas. En el caso de un conflicto internacional, una actitud como ésta puede ser extremadamente peligrosa ya que conduce al país entero a una situación indeseada.
La prudencia de los medios de comunicación, la responsabilidad en sus afirmaciones es indispensable para no crear temores desmedidos ni exacerbar a la población. Mirado desde el punto de vista económico, mantener la paz es el mejor negocio ya que la tranquilidad del país es lo único que puede asegurar buenos dividendos para las empresas y un trabajo estable para sus empleados.
La forma en que se den las noticias respecto a los problemas que existen entre los países pueden hacer la diferencia entre mantener la paz o profundizar las diferencias.
El conflicto es reconocido por los teóricos del periodismo como uno de los elementos de la noticia. Crearlo y fomentarlo constituye una práctica habitual de algunos editores de diarios, radio o televisión, que, al parecer, no recuerdan que hay al menos doce elementos más que hacen que un acontecimiento sea importante y atractivo para los lectores.
Algunos editores conducen su labor periodística guiándose sólo por alcanzar las metas de ventas alimentando hasta los más mínimos conflictos y abandonan, entre otros, el sentido social que es parte de la esencia del periodismo. En el afán de cumplir las expectativas comerciales del medio, éstos pueden avanzar sin escrúpulos por el camino de exaltar las pasiones de los lectores con consecuencias a veces funestas. Basta observar cómo se agrandan las diferencias entre las figuras públicas cuando opinan levemente distinto sobre fútbol, política o cualquier otra materia. Y cómo se explota cualquier problema de las parejas de famosos.
El sensacionalismo, reproduce en forma masiva, el siempre dañino “copucheo” . Con éste destruye la imagen y a veces la vida de las personas. En el caso de un conflicto internacional, una actitud como ésta puede ser extremadamente peligrosa ya que conduce al país entero a una situación indeseada.
La prudencia de los medios de comunicación, la responsabilidad en sus afirmaciones es indispensable para no crear temores desmedidos ni exacerbar a la población. Mirado desde el punto de vista económico, mantener la paz es el mejor negocio ya que la tranquilidad del país es lo único que puede asegurar buenos dividendos para las empresas y un trabajo estable para sus empleados.
viernes, noviembre 04, 2005
Dónde estaba el periodista
En una carta de un lector a un importante diario capitalino, preguntaba: ¿Dónde estaba el periodista que escribió sobre el encuentro al que yo asistí? ¿ Por qué no se enteró de lo que se había dicho y destacó sólo lo superficial?
La misma sensación del lector aludido sentí la semana pasada cuando asistí al encuentro de Comunidad Mujer con los candidatos presidenciales, en el edificio Diego Portales. En éste la organización dio a conocer las principales inquietudes de las chilenas respecto a la familia, el trabajo y el entorno en que viven. Esta importante información se obtuvo tras una consulta realizada a cinco mil mujeres de Arica a Punta Arenas y en una encuesta efectuada a 300 mujeres de Antofagasta, Gran Santiago y Concepción/Talcahuano.
Las conclusiones del estudio fueron claras: las mujeres necesitan más fuentes laborales, dignificar su condición femenina, contar con más acceso a la educación y la cultura. Igualmente, mejorar los servicios de salud. En relación al trabajo uno de los principales problemas mencionados fueron: bajos sueldos (50%); falta de programas de capacitación (24%) y pocos programas de cuidado para los niños ( 21%).
Con el mapa de las necesidades más urgentes en la mano, cuatro grupos de trabajo, en que participaron más de 30 investigadores del programa Voz de Mujer, elaboraron propuestas concretas para satisfacer estos requerimientos y se las presentaron a los candidatos a La Moneda, para asegurar un compromiso definido en estas materias de parte de quien ocupe la Presidencia de Chile en el próximo gobierno.
La mayoría de los periodistas que fueron al encuentro recibieron una nutrida información hasta con un CD con resúmenes del trabajo, pero algunos sólo vieron y difundieron, que las mujeres pifiaban o aplaudían a los candidatos presidenciales. Y eso fue lo que más trascendió y fue difundido por la mayoría de los medios. A pocos le importó el problema de fondo. Ni siquiera mostraron a quien aplaudían más o pifiaban menos.
Para muchos de los profesionales, seguramente recién egresados, que reportean las noticias de los medios, estas tienen muchas “aristas”, como usan decir. Pero, lamentablemente, ven sólo las superficiales. El fondo de la información queda escondido en la carpeta de trabajo, a veces para siempre.
medios de comunicacion
La misma sensación del lector aludido sentí la semana pasada cuando asistí al encuentro de Comunidad Mujer con los candidatos presidenciales, en el edificio Diego Portales. En éste la organización dio a conocer las principales inquietudes de las chilenas respecto a la familia, el trabajo y el entorno en que viven. Esta importante información se obtuvo tras una consulta realizada a cinco mil mujeres de Arica a Punta Arenas y en una encuesta efectuada a 300 mujeres de Antofagasta, Gran Santiago y Concepción/Talcahuano.
Las conclusiones del estudio fueron claras: las mujeres necesitan más fuentes laborales, dignificar su condición femenina, contar con más acceso a la educación y la cultura. Igualmente, mejorar los servicios de salud. En relación al trabajo uno de los principales problemas mencionados fueron: bajos sueldos (50%); falta de programas de capacitación (24%) y pocos programas de cuidado para los niños ( 21%).
Con el mapa de las necesidades más urgentes en la mano, cuatro grupos de trabajo, en que participaron más de 30 investigadores del programa Voz de Mujer, elaboraron propuestas concretas para satisfacer estos requerimientos y se las presentaron a los candidatos a La Moneda, para asegurar un compromiso definido en estas materias de parte de quien ocupe la Presidencia de Chile en el próximo gobierno.
La mayoría de los periodistas que fueron al encuentro recibieron una nutrida información hasta con un CD con resúmenes del trabajo, pero algunos sólo vieron y difundieron, que las mujeres pifiaban o aplaudían a los candidatos presidenciales. Y eso fue lo que más trascendió y fue difundido por la mayoría de los medios. A pocos le importó el problema de fondo. Ni siquiera mostraron a quien aplaudían más o pifiaban menos.
Para muchos de los profesionales, seguramente recién egresados, que reportean las noticias de los medios, estas tienen muchas “aristas”, como usan decir. Pero, lamentablemente, ven sólo las superficiales. El fondo de la información queda escondido en la carpeta de trabajo, a veces para siempre.
medios de comunicacion
jueves, octubre 27, 2005
Cirugía y medios de comunicación
Una cirugía estética o de cualquier otra índole, puede llevar a la muerte, si es practicada por manos inexpertas, con criterios sólo comerciales. Casos como el del médico ecuatoriano que operó a una paciente, sin estar preparado para ello, se repiten con cierta frecuencia.
Los medios de comunicación se relacionan con estos temas desde diversos puntos de vista: los difunden como noticias policiales; permiten a cualquier persona, sin verificar su calidad profesional, que pagando el espacio publiciten su “exitosa” trayectoria; promueven figuras esteticamente “ideales”, con parámetros fijados muchas veces, sólo por los intereses de las industrias que se mueven tras estos temas.
En todos los casos, los medios informativos son un espejo de la sociedad en que se desenvuelven. Y está claro que lo más importante del momento actual, no es tener una vida mejor sino vender.
Difundir casos policiales y darles características de escándalo está de moda porque, según dicen, vende más. Por esta misma razón, los medios informativos, abren sus puertas a quien lo desee, para que publique como noticia lo que no es. Así puede un médico falso o con poca calidad profesional, aparecer como muy bueno, si paga una crónica que afirme su prestigio. Por otra parte, si las empresas interesadas en promover el consumo de adelgazantes u otras similares, cancelan altas sumas de dinero por decir que debemos ser flacos, los medios informativos se preguntan: ¿Qué malo tiene difundir eso?
Desde todo punto de vista lo que manda es “ Don Dinero” y éste es el “poderoso caballero” que mueve el accionar de nuestra sociedad y nos hemos acostumbrado a que sea normal.
Afortunadamente, todavía no es normal que los médicos, utilicen un medio de comunicación como Internet para aprender, con un método “express”, a hacer un nuevo tipo de cirugía. Antes que esto suceda, deberíamos recuperar nuestra capacidad de asombro y oponernos al imperio que cada día se extiende más de este “poderoso caballero”.
medios de comunicacion
Los medios de comunicación se relacionan con estos temas desde diversos puntos de vista: los difunden como noticias policiales; permiten a cualquier persona, sin verificar su calidad profesional, que pagando el espacio publiciten su “exitosa” trayectoria; promueven figuras esteticamente “ideales”, con parámetros fijados muchas veces, sólo por los intereses de las industrias que se mueven tras estos temas.
En todos los casos, los medios informativos son un espejo de la sociedad en que se desenvuelven. Y está claro que lo más importante del momento actual, no es tener una vida mejor sino vender.
Difundir casos policiales y darles características de escándalo está de moda porque, según dicen, vende más. Por esta misma razón, los medios informativos, abren sus puertas a quien lo desee, para que publique como noticia lo que no es. Así puede un médico falso o con poca calidad profesional, aparecer como muy bueno, si paga una crónica que afirme su prestigio. Por otra parte, si las empresas interesadas en promover el consumo de adelgazantes u otras similares, cancelan altas sumas de dinero por decir que debemos ser flacos, los medios informativos se preguntan: ¿Qué malo tiene difundir eso?
Desde todo punto de vista lo que manda es “ Don Dinero” y éste es el “poderoso caballero” que mueve el accionar de nuestra sociedad y nos hemos acostumbrado a que sea normal.
Afortunadamente, todavía no es normal que los médicos, utilicen un medio de comunicación como Internet para aprender, con un método “express”, a hacer un nuevo tipo de cirugía. Antes que esto suceda, deberíamos recuperar nuestra capacidad de asombro y oponernos al imperio que cada día se extiende más de este “poderoso caballero”.
medios de comunicacion
lunes, octubre 24, 2005
Terror televisivo y salud mental
Los noticieros de televisión se encuentran empeñados en aterrorizarnos. Como si no bastara con mostrar los aspectos más siniestros de los crímenes y asaltos; el relato detallado de los sufrimientos de las víctimas de terremotos y tifones, prolongan por semanas estos acontecimientos, en la agenda noticiosa.
La última forma de sembrar el terror es hablar horrores de la gripe aviar, una enfermedad que aún no ha llegado, ni se ha traspasado masivamente al hombre; que, además, no tiene vacuna y frente a la cual no podemos hacer absolutamente nada.
Sólo pueden actuar, y en forma limitada, las autoridades de salud y éstas ya estaban informadas y preparándose para enfrentar el posible problema.
¿Cuál es la idea de aterrar a la población contandole que podrían morir miles de personas entre los que se cuentan ellos y sus hijos, por supuesto? ¿Para qué crear el pánico en Chile por esta causa, cuando es imposible que los teleauditores hagan nada al respecto?
Si realmente les importa la salud, debían preocuparse de mantenerl sin tanta tensión a sus teleauditores.
Al día siguiente que uno de los noticieros centrales creaba una alarma tremenda por la posible pandemia, en el principal diario de Santiago, el tema sólo era una pequeña noticia de página izquierda y abajo.
Hace ya meses, varios de nuestros amigos decidieron reemplazar los noticieros matinales de televisión por el diario o Internet, para iniciar la mañana con cierta tranquilidad. Ahora están a punto de apagar el televisor, donde por años se acostumbraron a ver las noticias. También es posible que me sume a ellos.
Informarse por otros medios permite conciliar el sueño y no enfermarse de los nervios. Tal vez sea eso lo que los canales esperan, que todos los chilenos, apaguemos el televisor para no tener que ir en masa a terapias, tradicionales o alternativas, para disminuir las tensiones.
La última forma de sembrar el terror es hablar horrores de la gripe aviar, una enfermedad que aún no ha llegado, ni se ha traspasado masivamente al hombre; que, además, no tiene vacuna y frente a la cual no podemos hacer absolutamente nada.
Sólo pueden actuar, y en forma limitada, las autoridades de salud y éstas ya estaban informadas y preparándose para enfrentar el posible problema.
¿Cuál es la idea de aterrar a la población contandole que podrían morir miles de personas entre los que se cuentan ellos y sus hijos, por supuesto? ¿Para qué crear el pánico en Chile por esta causa, cuando es imposible que los teleauditores hagan nada al respecto?
Si realmente les importa la salud, debían preocuparse de mantenerl sin tanta tensión a sus teleauditores.
Al día siguiente que uno de los noticieros centrales creaba una alarma tremenda por la posible pandemia, en el principal diario de Santiago, el tema sólo era una pequeña noticia de página izquierda y abajo.
Hace ya meses, varios de nuestros amigos decidieron reemplazar los noticieros matinales de televisión por el diario o Internet, para iniciar la mañana con cierta tranquilidad. Ahora están a punto de apagar el televisor, donde por años se acostumbraron a ver las noticias. También es posible que me sume a ellos.
Informarse por otros medios permite conciliar el sueño y no enfermarse de los nervios. Tal vez sea eso lo que los canales esperan, que todos los chilenos, apaguemos el televisor para no tener que ir en masa a terapias, tradicionales o alternativas, para disminuir las tensiones.
jueves, octubre 13, 2005
Cuando las palabras sobran
Más allá de la pobreza y la incorporación de localismos de grueso calibre, en el lenguaje de los medios de comunicación, hoy aumentan las palabras mal usadas o sobrantes. Tal vez, una parte del problema sea la inexperiencia de las nuevas promociones de periodistas. Aquellas que muchos medios informativos contratan en cargos para los que aún no están preparados, por economizar en remuneraciones, reemplazando a quienes tienen experiencia.
La economía, a simple vista, parece muy mal entendida. Si la miramos sólo por sus costos en dinero, habría que preguntarse cuánto le significa a un periódico o canal de televisión u otro medio, que una noticia que se puede decir en un número de caracteres o de minutos determinados, se diga en otro mucho más extenso. Podría rebatirse este argumento diciendo que los periodistas deben ajustarse a un largo establecido de las informaciones por lo que aunque usen más palabras que las indispensables el espacio destinado a la noticia no aumentará. Sin embargo, existe una pérdida evidente de la calidad de lo que un medio informa, ya que por mal manejo del lenguaje de su equipo de redacción, informará menos a sus lectores, auditores o teleauditores. También impactará poco con titulares muy extensos o dejará la sensación en su público de leer o escuchar noticias con poco contenido y mucho “bla-bla”, como se dice en lenguaje común.
Analizando textos de los medios informativos, en conjunto con los alumnos de periodismo de una universidad, encontramos fácilmente en los diarios de ese día, muchísimos ejemplos de frases que normalmente sobran al formar un texto. Éstas sólo ocupan espacio de alto costo, sin aportar nada a lo que se quiere decir.
Escogimos por ejemplo, la expresión: “lo que es”, tan usada. Porque, gracias al problema que analizamos, ahora no se dice: “Estamos en la plaza de Armas “ sino “Estamos en lo que es la Plaza de Armas”; se usan también con profusión frases fácilmente eliminables como: “el hecho de que”; “en el marco de” y otras similares que pueden, generalmente, retirarse enteras del texto o reemplazarse sin que éste cambie de sentido. La lista es larga y ocupan un espacio que vale oro.
El uso de un lenguaje directo, en que todo se diga con el mínimo de palabras, hace fluir la lectura. Las palabras que sobran, en cambio, “acartonan” el texto y lo transforman en un mal discurso, de esos que deseamos termine pronto.
Los estudiosos del proceso de comunicación recomiendan que el mensaje se codifique en forma clara, precisa y concisa, para que el destinatario lo entienda bien. Si los profesionales en práctica o recién egresados, aún no están preparados para trabajar con esa calidad de lenguaje, alguien experimentado debe editar sus errores, normales en esa etapa de la profesión. Hoy no siempre sucede esto ya que se ve con frecuencia a alumnos en práctica dando las noticias, en directo, en la televisión, editando o titulando, con largas frases que no saben acortar.
El periodismo chileno debería cuidar más su lenguaje, no sólo del uso de localismos que nos aíslan del resto del mundo, sino también de esa serie de palabras sobrantes que se difunden. Estas pasan al hablar de la gente y se multiplican en el lenguaje común, por medio de quienes se alimentan de los medios de comunicación, desmejorando y empobreciendo el idioma.
informacion
La economía, a simple vista, parece muy mal entendida. Si la miramos sólo por sus costos en dinero, habría que preguntarse cuánto le significa a un periódico o canal de televisión u otro medio, que una noticia que se puede decir en un número de caracteres o de minutos determinados, se diga en otro mucho más extenso. Podría rebatirse este argumento diciendo que los periodistas deben ajustarse a un largo establecido de las informaciones por lo que aunque usen más palabras que las indispensables el espacio destinado a la noticia no aumentará. Sin embargo, existe una pérdida evidente de la calidad de lo que un medio informa, ya que por mal manejo del lenguaje de su equipo de redacción, informará menos a sus lectores, auditores o teleauditores. También impactará poco con titulares muy extensos o dejará la sensación en su público de leer o escuchar noticias con poco contenido y mucho “bla-bla”, como se dice en lenguaje común.
Analizando textos de los medios informativos, en conjunto con los alumnos de periodismo de una universidad, encontramos fácilmente en los diarios de ese día, muchísimos ejemplos de frases que normalmente sobran al formar un texto. Éstas sólo ocupan espacio de alto costo, sin aportar nada a lo que se quiere decir.
Escogimos por ejemplo, la expresión: “lo que es”, tan usada. Porque, gracias al problema que analizamos, ahora no se dice: “Estamos en la plaza de Armas “ sino “Estamos en lo que es la Plaza de Armas”; se usan también con profusión frases fácilmente eliminables como: “el hecho de que”; “en el marco de” y otras similares que pueden, generalmente, retirarse enteras del texto o reemplazarse sin que éste cambie de sentido. La lista es larga y ocupan un espacio que vale oro.
El uso de un lenguaje directo, en que todo se diga con el mínimo de palabras, hace fluir la lectura. Las palabras que sobran, en cambio, “acartonan” el texto y lo transforman en un mal discurso, de esos que deseamos termine pronto.
Los estudiosos del proceso de comunicación recomiendan que el mensaje se codifique en forma clara, precisa y concisa, para que el destinatario lo entienda bien. Si los profesionales en práctica o recién egresados, aún no están preparados para trabajar con esa calidad de lenguaje, alguien experimentado debe editar sus errores, normales en esa etapa de la profesión. Hoy no siempre sucede esto ya que se ve con frecuencia a alumnos en práctica dando las noticias, en directo, en la televisión, editando o titulando, con largas frases que no saben acortar.
El periodismo chileno debería cuidar más su lenguaje, no sólo del uso de localismos que nos aíslan del resto del mundo, sino también de esa serie de palabras sobrantes que se difunden. Estas pasan al hablar de la gente y se multiplican en el lenguaje común, por medio de quienes se alimentan de los medios de comunicación, desmejorando y empobreciendo el idioma.
informacion
miércoles, octubre 12, 2005
El síndrome de Arturito
Las historias están de moda y eso tiene mucho que ver con la forma que se enseña a hacer periodismo en la actualidad. Ya no importa, como antes, lo que ocurre a la mayoría. Tampoco, tratar los temas trascendentes, que mejoran la vida de la sociedad. Lo que interesa es contar casos, a veces muy poco representativos, de personas que vivieron una situación determinada, lo más trágica posible.
Poco interesa, por ejemplo, que la delincuencia se mantenga, disminuya o aumente en cifras globales. Lo que se destaca es el caso, posiblemente aislado, de Perla que fue asaltada en su domicilio. Se relata cómo lloraba ese día, y ojalá se acerca el micrófono al máximo, para que se sienta su llanto desesperado. Al día siguiente, se cuenta otro caso dramático, entrevistando a Rosario o José. Y así de tanto sumar relatos, que pueden ser de una minoría, se construye una realidad distorsionada.
No es de extrañar entonces el tratamiento que ha recibido “Arturito”, ese magnífico descubridor de lo oculto. Cómo no pueden preguntarle lo que siente, queda fuera de la noticia lo más importante de su existencia, a juicio de los medios. Tal vez por eso, pocos de éstos nos dan a conocer el milagro tecnológico que permitió crear este ser capaz de descubrir tesoros gigantescos o pruebas importantes para casos policiales. No se cuenta sobre él cómo fue construido, quiénes están detrás de su genialidad o de sus destrezas ni la trascendencia para el país, del desarrollo de robots de este tipo. Lo único que se destaca en los diarios es su historia farandulera: lo puntual que provoca controversias. Les interesó, por ejemplo, dar a conocer que los colonos de Villa Baviera están molestos porque Arturito les quitó el protagonismo en el descubrimiento de las armas. También atrajo la intención de los medios, la batalla que se anuncia entre quienes luchan por quedarse con los bienes que se encuentren, fruto de su accionar, en la Isla de Juan Fernández, pero ¿quién informa realmente lo bueno del robot TX araña?
Lo mismo que sucede a Arturito, le pasa a muchos chilenos. No importa hoy la calidad de lo que hacen, el esfuerzo que desarrollan al servicio de los otros. Los valores que tengan. Sólo hacen noticia los rumores que puedan involucrarlos en algún tipo de escándalo. El juego es agrandar lo negativo aún en sus acciones más simples y también, las desgracias que les ocurren.
La forma actual de hacer periodismo, en su mayoría, dista mucho de la función social propia de esta disciplina. Salvo escasas excepciones, se distorsiona la realidad y se distrae de los problemas de fondo, desinformando. Hace creer a las personas que lo intrascendente es importante, que lo aún no comprobado es cierto. Concentramos la atención en lo mínimo, mientras lo importante pasa al último lugar.
Vivimos como sociedad el drama de Arturito: nadie se fija en lo positivo que hace, ni en lo trascendente que puede ser su existencia sino sólo en las rencillas que crear su accionar.
comunicaciones,
agenda informativa
Poco interesa, por ejemplo, que la delincuencia se mantenga, disminuya o aumente en cifras globales. Lo que se destaca es el caso, posiblemente aislado, de Perla que fue asaltada en su domicilio. Se relata cómo lloraba ese día, y ojalá se acerca el micrófono al máximo, para que se sienta su llanto desesperado. Al día siguiente, se cuenta otro caso dramático, entrevistando a Rosario o José. Y así de tanto sumar relatos, que pueden ser de una minoría, se construye una realidad distorsionada.
No es de extrañar entonces el tratamiento que ha recibido “Arturito”, ese magnífico descubridor de lo oculto. Cómo no pueden preguntarle lo que siente, queda fuera de la noticia lo más importante de su existencia, a juicio de los medios. Tal vez por eso, pocos de éstos nos dan a conocer el milagro tecnológico que permitió crear este ser capaz de descubrir tesoros gigantescos o pruebas importantes para casos policiales. No se cuenta sobre él cómo fue construido, quiénes están detrás de su genialidad o de sus destrezas ni la trascendencia para el país, del desarrollo de robots de este tipo. Lo único que se destaca en los diarios es su historia farandulera: lo puntual que provoca controversias. Les interesó, por ejemplo, dar a conocer que los colonos de Villa Baviera están molestos porque Arturito les quitó el protagonismo en el descubrimiento de las armas. También atrajo la intención de los medios, la batalla que se anuncia entre quienes luchan por quedarse con los bienes que se encuentren, fruto de su accionar, en la Isla de Juan Fernández, pero ¿quién informa realmente lo bueno del robot TX araña?
Lo mismo que sucede a Arturito, le pasa a muchos chilenos. No importa hoy la calidad de lo que hacen, el esfuerzo que desarrollan al servicio de los otros. Los valores que tengan. Sólo hacen noticia los rumores que puedan involucrarlos en algún tipo de escándalo. El juego es agrandar lo negativo aún en sus acciones más simples y también, las desgracias que les ocurren.
La forma actual de hacer periodismo, en su mayoría, dista mucho de la función social propia de esta disciplina. Salvo escasas excepciones, se distorsiona la realidad y se distrae de los problemas de fondo, desinformando. Hace creer a las personas que lo intrascendente es importante, que lo aún no comprobado es cierto. Concentramos la atención en lo mínimo, mientras lo importante pasa al último lugar.
Vivimos como sociedad el drama de Arturito: nadie se fija en lo positivo que hace, ni en lo trascendente que puede ser su existencia sino sólo en las rencillas que crear su accionar.
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